Seriedad = sospecha (Serious = Suspicious)
(photoni.st)Se señala la diferencia en la reacción de la gente ante tomar fotos con un smartphone y hacerlo con una cámara profesional (DSLR, mirrorless, etc.), y se aborda el problema de la percepción social sobre la privacidad y el consentimiento en la fotografía.
Contenido principal:
- Se presenta una experiencia personal frecuente: si tomas fotos con un smartphone nadie le presta atención, pero si llevas una cámara de verdad de repente te consideran una “amenaza”, te detienen o te critican.
- Ejemplo: en Starbucks lo detuvieron por tomarle una foto a su esposa, mientras que las personas de la mesa de al lado podían tomarse selfies sin problema (el teléfono no se percibe como “fotografía”).
- En un evento comunitario, mientras tomaba fotos para un boletín, lo amenazaron con demandarlo; sin embargo, a la persona de al lado grabando video con el teléfono no le dijeron nada.
Argumento central:
- Ambos dispositivos pueden capturar la misma imagen y también tienen el mismo potencial de invadir la privacidad, pero el teléfono se percibe como un “registro personal casual” y por eso se tolera socialmente, mientras que la cámara parece algo “profesional/intencional” y genera sospecha.
- Esto no se debe al tamaño del dispositivo ni a la diferencia de prestaciones, sino a la intención percibida (perceived intent): se malinterpreta la cámara como si tuviera un fin comercial o “algún propósito oculto”.
- En la era de las redes sociales, la fotografía se masificó, pero paradójicamente las cámaras “serias” quedaron más excluidas.
Problemas e impacto:
- La fotografía callejera (territorio de grandes como Cartier-Bresson o Vivian Maier) se vuelve más difícil. Los sujetos salen corriendo o protestan apenas ven una cámara.
- Los fotógrafos tienen que adaptarse usando cámaras pequeñas (como la RX100) o recurriendo al hip shot (disparo a la altura de la cintura) para fotografiar de forma discreta. Cuanto mejor es el equipo, peores se vuelven las condiciones para tomar fotos: una ironía.
- Aunque hoy las cámaras de los smartphones han mejorado al punto de competir con equipos profesionales en tomas diurnas, la diferencia en la percepción social sigue intacta.
Conclusión:
- La función social de la fotografía está cambiando. Con el teléfono, cualquiera puede tomar y ser tomado en fotos con comodidad, pero el equipo “serio” se convierte en objeto de sospecha.
- Los fotógrafos deben responder usando el teléfono, eligiendo equipos menos intimidantes, o bien conversando con la gente y generando confianza.
- Al final, nos hace pensar cómo se adaptará el arte fotográfico en un mundo donde “cuanto mejor sea la herramienta que llevas, más difícil es acercarte”.
3 comentarios
Yo también coincido en que, más que el tamaño de la cámara, el celular ya está tan integrado en la vida cotidiana que genera menos rechazo.
...Pero, dicho de una manera más elegante, ¿eso es fotografía callejera o simplemente una cámara oculta?
Me hace pensar en cierto embajador de marca de Fujifilm al que echaron después de dedicarse a fotografiar solo candids de mujeres y ancianos jajaja
Oh... qué percepción tan interesante.