4 puntos por lifthrasiir 2019-08-07 | Aún no hay comentarios. | Compartir por WhatsApp

Desde 1991 se celebra cada año algo llamado el Premio Loebner (Loebner Prize). Existe desde antes de que apareciera el término chatbot (en ese entonces se les llamaba chatterbot) y compite para ver cuál chatbot se parece más a un ser humano; es decir, vendría a ser una prueba de Turing directa. Pero, como sabrán quienes conocen el tema, la propia prueba de Turing es controversial (lo cual también es natural, ya que Turing creó la prueba como un intento de definir la ambigua noción de “inteligencia”), y además varios expertos han señalado que este premio en sí es una enorme basura de relaciones públicas. En el caso más extremo, Marvin Minsky incluso llegó a burlarse del certamen ofreciendo dinero para que lo detuvieran...

Como excelente ejemplo de lo que realmente era el Premio Loebner, Jason Hutchens, ganador en 1996, destrozó sin reservas su propio chatbot HeX al explicar que en realidad estaba construido con una estructura relativamente simple: fingía ser australiano y se limitaba a provocar emocionalmente a su interlocutor. La idea era minimizar al máximo cualquier rasgo que pudiera hacerlo parecer una máquina (por ejemplo, estaba diseñado para no dar jamás respuestas repetidas), y al mismo tiempo no dejar espacio para que pudieran poner a prueba su inteligencia, enfocándose en cambio en describir emociones. Por lo que se lee en el texto, parece que Hutchens no lo veía así, pero personalmente creo que el estándar para medir la inteligencia se fija demasiado alto, así que pienso que HeX sí puede considerarse inteligente, al menos en el sentido de poder engañar a una persona. En cualquier caso, incluso visto hoy, cuando la vara para los chatbots ha subido muchísimo, sigue siendo una anécdota interesante; si estás del lado de crear o usar chatbots, vale la pena leerlo al menos una vez.

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