- Muchos juniors, al ver la dificultad para conseguir empleo, la IA y a desarrolladores sobresalientes a su alrededor, piensan: “No tengo talento para desarrollar” y abandonan la idea de ser desarrolladores.
- Pero la idea que solemos tener del talento de un desarrollador es demasiado estrecha. Que te guste la tecnología, disfrutes los problemas difíciles y aprendas tecnologías nuevas rápidamente —el tipo de desarrollador “técnico” o “geek”— no es lo único que hace a un buen desarrollador.
- En el trabajo real de desarrollo, la documentación, la comunicación, la persuasión, la comprensión del negocio, la observación de usuarios, la estructuración de problemas y la capacidad de profundizar en los principios también son activos importantes para un desarrollador.
- El problema es que muchas personas no reconocen esas capacidades como sus propias “cartas”. En cambio, creen que para poder ser desarrolladoras necesitan tener una “escalera real de color”, como una capacidad genial para programar.
- Pero ser desarrollador se parece más a una profesión en la que cada quien participa en el mismo juego con cartas distintas. Algunas personas construyen su competitividad con profundidad técnica; otras, con comprensión del producto; y otras, con colaboración y capacidad para ordenar problemas.
- Las experiencias de fracaso tampoco son simples costos hundidos: pueden convertirse en “activos de proceso”. Un rechazo en una entrevista puede ser la experiencia de descubrir qué no sé explicar; crear contenido que no recibe respuesta puede convertirse en haber aprendido a qué no reacciona la gente.
- Por eso, la pregunta “¿Tengo talento para desarrollar?” tiene una resolución demasiado baja. Hay que mirar con más concreción los propios deseos: si lo que realmente quiero es desarrollar, entrar a una buena empresa, reconocimiento, dinero o una vida dedicada a construir algo.
- Al final, quienes sobreviven por más tiempo no son quienes tienen cartas perfectas desde el inicio, sino quienes revisan constantemente sus propias cartas, interpretan los fracasos y acumulan experiencias ordinarias como cartas nuevas.
2 comentarios
Es un buen artículo.
Entonces, ¿qué quiero hacer yo?
Siempre digo que es la pregunta más importante.