- El autor reflexiona sobre sus 7 meses de experiencia dirigiendo un círculo de matemáticas para un grupo de niños de 7 a 8 años, y analiza qué funcionó y qué no.
- El autor descubrió que había una gran diferencia entre lo que pensaba que les interesaría a los niños y lo que en realidad les interesó.
- Entre las actividades que el autor esperaba que tuvieran éxito, pero no fue así, están el juego SET, los rompecabezas de doblar y cortar, los snacks geométricos, cortar una cinta de Möbius, los patrones con mosaicos, Prime Climb, hacer flexágonos y las construcciones con regla y compás.
- Entre las actividades inesperadamente exitosas estuvieron los acertijos de Knights and Knaves, la programación manual de torneos todos contra todos, el problema de los siete puentes, averiguar quién es mejor en penales a partir de goles/anotaciones y goles recibidos, y crear sus propios patrones tipo triángulo de Pascal.
- Entre las actividades que se esperaba que funcionaran y efectivamente funcionaron están el juego The Function Machine, variantes de Nim, Turing Tumble, el corte justo de pastel, juegos de teoría de juegos como Prisoner's dilemma y Chicken, y una simulación de preparar cócteles para 3 personas.
- El autor señala que contar historias fue un elemento clave para involucrar a los niños, lo que va en contra de la idea general de que las matemáticas deberían hablar por sí mismas.
- El autor descubrió que los niños se involucraban más cuando los problemas matemáticos se presentaban como una historia o en un formato más participativo.
- El autor concluye que, aunque los niños ya están empezando a apreciar las matemáticas por sí mismas, si iniciara un nuevo grupo infantil, sería más cuidadoso al estructurar los problemas como historias más participativas.
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