Por más mal que desempeñes el rol de CEO, procura no pensar que te falta capacidad
(online.kru.community)La mayoría de los fundadores que son directores generales piensan que les falta capacidad como CEO y sienten vergüenza de sí mismos.
Eso pasa tanto en Estados Unidos como en Corea.
Si hay una diferencia, es que en Corea parece considerarse una virtud, mientras que en Estados Unidos no. En el caso de los fundadores coreanos, la mayoría dice con facilidad “Es porque me falta capacidad”, mientras que entre los fundadores estadounidenses casi nadie lo expresa diciendo “It’s because I’m not good enough.”.
Pero, al final, por dentro es lo mismo.
Si piensas que te falta capacidad como CEO y sientes vergüenza de ti mismo, me gustaría que distingas eso de sentir culpa por haber hecho algo mal en tu rol como CEO.
Porque, si concluyes que eres un CEO insuficiente, eso puede convertirse en una profecía autocumplida.
Por ejemplo, imagina esto. Si das por hecho que eres un CEO insuficiente y un colaborador te da feedback señalando un comportamiento tuyo, en ese instante podrías pensar: “Claro, yo sí que soy un CEO insuficiente. ¿Qué tan deficiente seré para hacer algo por lo que un subordinado me tenga que llamar la atención?”. Y si ese pensamiento lleva a la vergüenza de ti mismo, podrías hacer muchas cosas para no sentir esa vergüenza. Por ejemplo, podrías beber alcohol y, al día siguiente, volver a cometer un error en el desempeño del rol de CEO, pensando: “Yo, que incluso sabiendo que tomar me iba a dejar así, tomé igual; definitivamente soy un CEO insuficiente”, y caer en un círculo vicioso. O podrías enojarte con la persona que te dio el feedback. Entonces, después de enojarte, podrías pensar: “No puedo controlar mi enojo; definitivamente soy un CEO insuficiente”, y volver a caer en un círculo vicioso. También podrías intentar acomodarte incondicionalmente a la otra persona. Y cuando llegue una situación en la que no logres hacerlo bien, podrías pensar: “Aunque recibí un feedback claro, no pude corregirme; definitivamente soy un CEO insuficiente”, y otra vez entrar en un círculo vicioso.
En cambio, si no crees que te falte capacidad, pero sientes culpa por algo que hiciste mal como CEO, resulta mucho más fácil construir una dinámica virtuosa.
Por ejemplo, imagina esto. Un colaborador te da feedback señalando un comportamiento tuyo. En ese instante podrías pensar: “Ah, ¿cometí un error?”. Y si ese pensamiento lleva a la culpa, podrías hacer distintas cosas para no querer volver a sentirla. Por ejemplo, podrías disculparte y luego pensar cómo evitar repetir el mismo error. La clave aquí es que esa reflexión tiene una probabilidad relativamente menor de convertirse en un círculo vicioso.
Quizá la diferencia entre estos dos escenarios te parezca pequeña, pero en el contexto de desempeñar el rol de CEO esa diferencia es bastante significativa.
Cuando uno siente vergüenza de sí mismo, es muy probable que se concentre en cómo cambiarse a sí mismo para que no vuelva a repetirse el mismo fenómeno. Como es fácil pensar que, si el problema es ese yo insuficiente, la solución es arreglarse a uno mismo. En cambio, cuando uno siente culpa, es relativamente más probable que piense en cómo rediseñar su rol, las costumbres con ejecutivos y empleados, y la estructura organizacional, el sistema, los procesos, etc., para que repetir el mismo error se vuelva difícil o imposible. Como piensa que se equivocó, pero no que él mismo sea el problema, está mucho más abierto a distintas soluciones. Es decir, en este último caso, en comparación con el primero, es más probable que piense en cómo aprovechar su tiempo de forma más efectiva como CEO, porque modificarte por completo a ti mismo tiene límites.
Hay una profesora que se volvió una celebridad de la noche a la mañana al presentar resultados de investigación sobre la vergüenza de sí mismos que los estadounidenses ocultaban. Esa profesora es Brené Brown.
Según sus hallazgos, para aliviar la vergüenza de uno mismo ayuda mucho pasar tiempo escuchando experiencias de personas similares que también la han sentido, o reunir valor para compartir en un espacio seguro, con personas de plena confianza, experiencias propias en las que uno sintió vergüenza de sí mismo y ser recibido con respeto.
Espero que cuentes con mecanismos de apoyo como estos para que, por más mal que desempeñes el rol de CEO, no llegues a pensar que te falta capacidad.
¿Acaso emprendiste para desempeñar el rol de CEO? Los fundadores, solo por haberse atrevido a emprender, ya son suficientes. Y, además, los seres humanos son suficientes por el solo hecho de haber nacido. ¿Quién vería a un bebé y pensaría: “Ese niño es una persona insuficiente hasta que entre a la Universidad Nacional de Seúl”?
Justamente, como hay un video en el que la profesora Brené Brown habla sobre la diferencia entre vergüenza y culpa, lo traduzco a continuación.
Elige la culpa por encima de la vergüenza / Brené Brown
La vergüenza (Shame), que surge de la idea de evaluarnos como personas insuficientes, y la culpa (Guilt), que se enfoca en una conducta de la que nos arrepentimos, son distintas. La profesora Brené Brown enfatiza que entender la diferencia entre estas dos emociones y enfocarse en la culpa ayuda a construir una vida y relaciones más sanas.
- Vergüenza y culpa: ¿en qué se diferencian?
Estas dos emociones suelen confundirse, pero en realidad son muy distintas.
La vergüenza es pensar que soy una mala persona.
Es un dolor profundo que dice que no merezco reconocimiento ni amor, y que no puedo conectar con los demás.
En cambio, la culpa es pensar que hice algo malo.
Es una reflexión sobre una conducta que tuve, no un ataque contra mí mismo.
- Ejemplo del boletín de calificaciones
Imaginemos que un profesor te entrega un boletín y tu nota es 47 sobre 100.
Si caes en la vergüenza, pensarás algo así: “Qué tonto soy, ¡soy un idiota!”.
Ese tipo de pensamiento te ataca a ti mismo para intentar cambiarte.
Si te enfocas en la culpa, pensarás algo así: “Anoche debí haber estudiado en vez de salir a divertirme; haberme ido a divertir fue una tontería”.
Cuando te enfocas en la conducta, puedes encontrar una manera de hacerlo mejor la próxima vez.
- “Eres un niño malo” vs. “Hiciste algo malo”
Este es justamente un error que muchos padres cometen con sus hijos.
Cuando un niño miente, decirle “¿Por qué eres tan malo?” es una conducta que fomenta la vergüenza.
Eso equivale a poner una marca negativa sobre la existencia misma del niño.
En cambio, decir “Lo que acabas de hacer no es aceptable” es mucho más sano.
Cuando se señala la conducta, el niño encuentra margen para mejorar y puede desarrollar la empatía.
- La autoacusación se convierte en una ‘profecía autocumplida’
Es peligroso el momento en que nos llamamos a nosotros mismos o a otros “mentiroso”, “fracasado” o “idiota”.
Esas etiquetas terminan funcionando como una profecía autocumplida (Self-fulfilling prophecy).
Si te repites constantemente que eres tonto, tu cerebro terminará buscando maneras de actuar como si de verdad lo fueras.
Mientras estudias, es mucho más constructivo decir “Ah, esta parte me está confundiendo” que decir “Soy demasiado tonto”.
- Feedback centrado en la conducta que conduce a la empatía
Cuando dejamos atrás la vergüenza y nos enfocamos en la conducta, ganamos espacio para empatizar.
Lo mismo ocurre al reprender una mala conducta de un niño.
Puedes decir: “Eres un niño querido, pero lo que acabas de hacer es una mentira. Está mal. Y por eso habrá esta consecuencia”.
Esa separación es un principio clave para mantener relaciones sanas y generar cambios positivos.
Aún no hay comentarios.