3M sabía desde hace décadas que sus químicos eran dañinos, pero no se lo dijo al público ni al gobierno
- Según documentos internos de 3M, la empresa ocultó durante décadas los riesgos de sus químicos.
- En 1998, el toxicólogo de 3M Richard Purdy investigó si los perfluoroquímicos de la empresa se encontraban en la sangre de águilas y albatros.
- Purdy advirtió que estos químicos podrían desplazarse por la cadena alimentaria y acumularse en los animales, pero los directivos de 3M disolvieron al equipo encargado de recopilar datos.
Acuerdo entre 3M y el estado de Minnesota
- 3M fue demandada en 2010 por el entonces fiscal general de Minnesota por no haber reportado durante décadas los riesgos de sus químicos para el medio ambiente y la salud humana.
- El mismo día en que comenzó el juicio en 2018, 3M llegó a un acuerdo con el estado de Minnesota para pagar 850 millones de dólares y ayudar a proporcionar agua potable limpia.
- Aunque este acuerdo fue el tercero más grande en la historia de Estados Unidos por daños a recursos naturales, representó solo el 2.6% de las ganancias de 3M en 2018.
Desafíos legales, regulatorios y políticos de 3M
- 3M podría verse obligada a pagar miles de millones de dólares en los próximos años por la invención y eliminación de estos químicos.
- En una audiencia del Congreso en 2019, una congresista de Estados Unidos calificó la contaminación del agua potable, las aguas subterráneas, el aire y el suministro de alimentos de los estadounidenses como una emergencia nacional.
- La EPA planea designar dos perfluoroquímicos como sustancias peligrosas bajo la ley Superfund y anunciar nuevos niveles de asesoría sanitaria para el agua potable.
Lo que 3M sabía y cuándo lo supo
- Desde la década de 1950, científicos de 3M y DuPont descubrieron que estos químicos se estaban acumulando en los cuerpos de humanos y animales.
- 3M retrasó o minimizó la entrega de los resultados de sus investigaciones sobre los riesgos de estos químicos a los organismos reguladores, a las comunidades de Minnesota e incluso a sus propios empleados.
'El gato más salvaje'
- Los químicos tóxicos sintéticos de 3M se remontan al Proyecto Manhattan, durante la Segunda Guerra Mundial, para el desarrollo de la bomba atómica.
- Los científicos descubrieron que el gas flúor podía usarse para separar uranio y que, al combinarse con carbono, formaba un enlace casi imposible de romper.
Empleado de 3M: alegamos ignorancia
- En 1975, un profesor de Florida llamó a 3M porque sospechaba que los químicos de 3M usados en productos domésticos como utensilios de cocina con Teflon y Scotchgard podrían haberse encontrado en muestras de sangre humana.
- Aunque 3M sabía que estos químicos se acumulaban en el cuerpo humano y eran tóxicos, lo negó.
'Este químico es más estable que muchas rocas'
- En 1998, Purdy advirtió que los químicos se estaban desplazando por la cadena alimentaria y estaban matando mamíferos marinos.
- Purdy afirmó que 3M retrasó la recopilación de datos para evaluar el impacto ambiental.
3M empieza a 'dominar' la ciencia
- La EPA presionó a 3M para que dejara de fabricar en Estados Unidos el compuesto usado en Scotchgard (PFOS) en el año 2000.
- Después de advertir a los organismos reguladores, 3M elaboró un plan de comunicación para proteger la reputación de la empresa y controlar la narrativa científica.
Opinión de GN⁺
- Que 3M supiera durante tanto tiempo que sus químicos eran dañinos y aun así no lo revelara constituye una grave falta ética hacia el medio ambiente y la salud pública.
- El hecho de que estos químicos se hayan propagado globalmente y se encuentren en la sangre de humanos y animales salvajes subraya la importancia de una gestión rigurosa de sustancias químicas.
- Casos como este, en los que grandes corporaciones como 3M intentan manipular u ocultar datos científicos para evadir responsabilidades legales y regulatorias, recuerdan la importancia de la ética empresarial y la transparencia.
1 comentarios
Opiniones en Hacker News
Las regulaciones de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) han otorgado a las empresas químicas la facultad de supervisarse a sí mismas, lo que ha generado problemas ambientales, como la detección de PFOA en la lluvia y las nubes del Ártico. Esto podría causar problemas de salud en el futuro.
Purdy señala que los ambientalistas han exagerado la “nocividad” de las sustancias detectadas y la han inflado. Aunque PFOS/PFAS están siendo presentados como villanos ambientales, consumimos a diario muchos medicamentos fluorados, por lo que es difícil demostrar su daño. Resulta interesante ver a la prensa científica buscar la definición “correcta” de PFAS.
Se señala que, aunque se sabe que los PFAS son “dañinos”, han estado presentes a nuestro alrededor durante décadas, y durante ese período la calidad de vida ha mejorado. En varios países, incluida Corea del Sur, se observan concentraciones elevadas de PFOA en sangre.
Se plantea la opinión de que, antes de que termine el problema ambiental, debe asignarse responsabilidad penal personal a todas las personas de la cadena de gestión. Se sostiene que quien no reporte documentos internos a la EPA debería temer una visita del FBI.
Se expresa preocupación por si no estarán surgiendo empresas que busquen evitar la investigación ambiental, dada la situación actual, que parece incentivar la obstrucción de este tipo de estudios.
3M todavía vende un “protector de telas” que usa PFAS. No se puede saber por la lista de productos ni por el empaque, pero en la ficha técnica se indica “menos de 3% de uretano fluoroquímico”.
Se plantean preguntas sobre cómo se relaciona el aumento de los casos de cáncer en los últimos 100 años con los PFCs, y qué otros daños existen por la exposición crónica a bajas dosis. Se necesita un estudio adecuado sobre los efectos crónicos de largo plazo de los PFCs, sin la influencia de fabricantes químicos ni de grupos ambientalistas, por parte de la EPA u otra agencia gubernamental.
Se opina que debe obligarse a las empresas químicas a pagar por las externalidades y que, si eso las lleva a la quiebra, sería una consecuencia merecida.
Se señala que 3M sabía desde hacía décadas que sus sustancias químicas eran dañinas, pero no lo reveló. También se indica que Du Pont hizo lo mismo, pero pudo salir adelante con sanciones leves.
Se comparte la historia de un amigo que, en la universidad en 2001/2002, hizo una pasantía en el departamento legal de 3M y estaba ayudando a que 3M no asumiera responsabilidad legal por el teflón y productos relacionados.