Haré cualquier cosa para resolver el problema de las personas sin hogar, excepto construir más viviendas
(mcsweeneys.net)- La crisis de las personas sin hogar en Estados Unidos ha llegado a un punto crítico
- Mucha gente se enfoca solo en acciones superficiales que no requieren un verdadero cambio
- Existe una tendencia a evitar ampliar la oferta de vivienda y las soluciones de fondo
- Se ha normalizado una mentalidad centrada en proteger el valor inmobiliario y el beneficio personal
- Queda en evidencia el rechazo a enfoques realmente efectivos para resolver la falta de vivienda
Actitudes superficiales frente al problema de las personas sin hogar en Estados Unidos
La crisis de las personas sin hogar en Estados Unidos ha llegado a un punto grave. Sin embargo, muchas personas muestran voluntad de “resolver” el problema sin cambiar las restricciones de densidad habitacional ni la planificación urbana. Este enfoque suele mostrar un rechazo especialmente fuerte cuando implica cambios en su trayecto diario o en su propia vivienda. Tienden a conformarse con repartir comida de vez en cuando o realizar actos de caridad meramente simbólicos, mientras esperan que las personas sin hogar simplemente se mantengan fuera de su vista
Empatía limitada y enfoque centrado en el interés propio
Es evidente una forma de ver el problema de las personas sin hogar desde la óptica de la empatía social combinada con la protección de los propios intereses. Se da más importancia a preservar beneficios inmediatos como la plusvalía de la vivienda propia o el valor de los inmuebles que al bien común. Aunque algunas personas se atribuyen la imagen de “innovadores” por liderar empresas tecnológicas o proponer soluciones técnicas, en la práctica prefieren simplemente ocultar el problema. Escribir cartas, dar entrevistas a medios o publicar mensajes discriminatorios en línea llega a considerarse “acción para resolver el problema”
Evasión de las soluciones reales
Se percibe claramente una mentalidad que busca resolver el problema de las personas sin hogar de cualquier manera que no sea 'construir más viviendas'. Rechazan directamente cualquier cambio en su entorno residencial, ya sea una casa unifamiliar amplia o un departamento de alto costo de su propiedad. Quieren preservar los entornos privilegiados de los que ya han disfrutado, ya sea a través de la economía compartida, el alquiler o la acumulación de patrimonio para sus hijos. También quedan expuestas diversas excusas y racionalizaciones, junto con una actitud ambivalente hacia los inmigrantes de clase trabajadora
Desigualdad económica y negación de la realidad
Aunque reconocen como problema la concentración de la riqueza en Estados Unidos, rara vez tienen experiencias directas o contacto real con personas sin hogar o con personas económicamente vulnerables. Prefieren ignorar los límites de la estructura social, dudar de la identidad y de las historias de las personas sin hogar, y desdibujar el sentido y la esencia de la caridad. Todo se queda en maneras de aliviar la culpa según su propio consumo y estilo de vida
Fuerte resistencia a los cambios en la política de vivienda
Aun sabiendo que la expansión sostenida de la oferta habitacional y la mejora de la infraestructura urbana son claves para resolver el problema de las personas sin hogar, se niegan a sacrificar espacios privados como la tierra que poseen, su jardín o una cocina de lujo. Predominan el miedo al cambio de políticas, la resistencia a nuevas medidas de bienestar social y una fuerte noción de propiedad basada en la idea de “yo llegué primero a este barrio”. Ni siquiera quieren imaginar cambios positivos como una mayor activación del transporte público o mejoras ambientales derivadas de ampliar la oferta de vivienda. Al final, llegan a la conclusión de que “aceptarán el problema de las personas sin hogar antes que construir nuevas viviendas”
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